
se comunican pero prefieren no hacerlo, prefieren mirarse unos a otros y desfigurarse los ojos mutuamente. sus siluetas se confunden vagamente entre las sábanas y sus puériles almas ya están teñidas y piensan permanecer ahí. en el camino al universo hablan de sus aventuras pero bajan la mirada al sentir una línea incómoda, un verso travieso o una insinuación de libertad. las camas se hunden y faltan piezas, ya no existen los juegos, los sentimientos ridículamente puros y la hierba que curaba dolores del corazón.



